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domingo, 11 de marzo de 2012

8

Al día siguiente


Laster y el ingeniero entraban al Laboratorio Clínico acompañados por su directora, la doctora Blanic.


Ella expuso que de algún modo la canica influía sobre la mente del niño. El pequeño no se mostraba especialmente interesado por el objeto, pero mientras dormía soñaba con voces provenientes de la canica que le indicaban decirle a los médicos que era necesario parar la híper velocidad.


Por otra parte, en cuanto a la seguridad, la doctora había sido minuciosamente investigada y estaba limpia como una patena. La investigación continuaría durante el tiempo habitual, revisando todo detalle de su vida pero, en principio, se descartaba cualquier novedad comprometedora.


La doctora Blanic les dijo: Esto no está dentro de mi campo de conocimiento, así que les dejo con el objeto para que le inspeccionéis sin molestias.


Laster y el ingeniero estuvieron de acuerdo y le agradecieron la información.

 
La canica tenía un aspecto poco habitual que al ingeniero le recordó un caleidoscopio: Un flujo constante de reflejos cambiantes partía de ella. Esto era todo lo que podía verse a simple vista.


Empezarían con un análisis espectroscópico de baja densidad.



— Aquí tenemos una primera lectura, dijo el ingeniero a Laster abriendo una pantalla lateral. No hay ningún registro, dijo asombrado. No es posible, es como si no estuviera ahí. O tenemos una avería en el sistema de medición o el objeto tiene alguna suerte de escudo. Pero ¿qué escudo va a tener una canica?


Laster carraspeó:


— A lo mejor no es una canica, no nos olvidemos que estamos investigando su naturaleza.


— Cierto, reflexionó en voz alta el ingeniero. Y si no es una canica, ¿qué es? Bueno, vamos a seguir con nuestro trabajo.


— ¿Qué le parece si hacemos un barrido sub atómico?, dijo Laster.


— OK, adelante, vamos a ver qué pasa, contestó el ingeniero.



Con el barrido sub atómico continuarían las sorpresas. El aparato detectó una cantidad masiva de energía, coherente con una gran masa, sin mostrar otro detalle.

 
Se hizo un nuevo barrido exclusivamente cuantitativo.

sábado, 28 de enero de 2012

5

Lo grande y lo pequeño 


En una región del planeta Plane dedicada a la agricultura artesanal, habían hallado un extraño objeto. Era una bolita de tres centímetros de diámetro parecida a las canicas de cristal con que juegan los niños, pero tenía unos brillos que no eran provocados por el reflejo de la luz sino por algo de su propia naturaleza.
El agricultor que la encontró se la dejó a su pequeño hijo que no pareció hallarle mayor interés, prefiriendo  otras de su valiosa colección y la dejó encima del estante.

Pasaron unos meses del descubrimiento cuando el niño jugador de canicas apareció en la habitación paterna diciendo que la bolita le hablaba. ¿Y qué te dice? le preguntó el padre adormecido. El niño le contó algo que por la mañana no podía recordar. En el desayuno le preguntó al niño qué había sido lo de la noche anterior y éste le miró con cara de no entender. Como si no se acordara, pensó el padre.

Esto no pasó de una anécdota, pero en las siguientes jornadas se volvió a repetir. Durante la noche el niño se despertaba agitado e iba corriendo a la habitación de sus padres porque que la bolita le hablaba. Le decía que tenían que hacerlo ver por el doctor.
Los padres conversaron sobre lo que le estaba pasando a su hijo sin entender de qué se trataba, pensando que era su imaginación. Pero como la cuestión seguía, pidieron una consulta médica.
Dentro de la Galaxia Chan, a sólo una fracción de pársec de Plane había un centro médico de gran prestigio dedicado a la infancia.
La doctora Blanic, después de someter al niño a un examen concienzudo, se entrevistó con los padres y dijo que de momento no veía signos de enfermedad orgánica ni psicológica; que el sistema nervioso del niño estaba en pleno funcionamiento y que le había llamado la atención su capacidad mental, bastante por encima de la media.
Les dijo que estos parámetros solían presentarse en personas que posteriormente resultaban súper dotados, por presentar una capacidad de percepción más sensible que la habitual. Por otra parte les recomendaba que volvieran a traer al niño para hacer un seguimiento de lo que por ahora, como los mismos padres habían pensado, era un juego imaginario del pequeño. Quedó citado para la semana siguiente.